Autonomía teórica crítica. Productos de una máquina de ideas.

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En el encuentro “Máquina de ideas: autonomía teórica crítica y movimiento de lo social”, realizado por el Grupo de Estudios en Antropología Crítica (GEAC) en la Universidad Javeriana de Bogotá el pasado 21 de octubre, presentamos nuestra trayectoria de reflexiones y discutimos algunos conceptos desarrollados en recientes actividades de auto-formación. A continuación, ofrecemos el registro de algunos debates proporcionados por la máquina de ideas de Bogotá para que no se pierdan y sigan generando discusión.

* * *

I Parte – Presentación de la propuesta del GEAC

– En esta primera etapa, los integrantes del GEAC introdujeron una serie de categorías críticas para el análisis estratégico de la antropología disciplinar institucionalizada – la que se reproduce en los ámbitos universitarios, reivindica cánones teóricos más o menos estrictos y conduce sus debates al ritmo de las rutinas productivistas de publicación académica. Estas mismas categorías pueden mostrarse relevantes para la reflexión sobre otras expresiones corporativas de la antropología y de otros saberes legitimados académicamente. En su presentación, los integrantes del GEAC destacaron que sus categorías de análisis son el resultado de una cartografía situada de su propio proceso de institucionalización – gran parte de él desarrollado en programas brasileños de posgrado. A continuación, presentamos una pequeña síntesis de las categorías trabajadas en la primera parte del encuentro:

1) Frontera disciplinaria: las antropologías disciplinarias sólo pueden constituirse como lugares de enunciación mediante la demarcación y el control de fronteras. Las prácticas disciplinarias hegemónicas intentan inscribir la relación entre el sujeto cognoscente y el fenómeno cognoscible en un espacio fracturado compuesto por una interioridad y una exterioridad. En el espacio interior se ubica el sujeto indiferenciado del conocimiento; en el espacio exterior ocurren fenómenos cognoscibles diferenciados y múltiplemente determinados. Sujeto cognoscente y fenómenos cognoscibles deben ocurrir en discontinuidad sociológica. En otras palabras, las determinaciones que inciden sobre unos no deben incidir sobre otros. Insertos en el interior disciplinar, los antropólogos son invitados a pensarse en tanto comunidad sapiente vinculada por afinidades básicas – que varían de institución a institución – y relacionada, a su vez, con la exterioridad diferenciada por medio de una voluntad de saber siempre fiel a la agenda intelectual de su disciplina. En tanto sujetos indiferenciados los antropólogos están autorizados a enunciar los unos para los otros la diferencia ajena.

2) Axiomática productivista: consiste en la forma dominante de atribución de valor al conocimiento producido en ámbito académico. La publicación de artículos científicos en revistas indexadas de circulación internacional – i.e. publicadas en inglés y legibles para los profesionales situados en las academias centrales – es la conducta vivificadora por excelencia para el antropólogo académico. De ahí que se hable todo el tiempo de “publicar o perecer”. El llamado a publicar para no morir gana cuerpo y efectividad a través de tecnologías de evaluación de la producción científica que distribuyen legitimidades e ilegitimidades, éxitos y fracasos en el espacio interior de la disciplina. Podríamos sintetizar el axioma productivista de la siguiente manera: “el valor de uso de cualquier expresión del conocimiento se mide por su valor de cambio (publicabilidad) en los mercados editoriales”. La vigencia y la diseminación de este axioma permite al GEAC formular la hipótesis según la cual el valor total de cualquier esfuerzo reflexivo que esté sometido a los aparatos disciplinarios tiende a ser colonizado por la especulación sobre su valor potencial en los mercados editoriales y otros circuitos intra-académicos de evaluación y validación.

3) Extractivismo cognitivo: las disciplinas académicas en general tienden a practicar el extractivismo cognitivo, el cual consiste en docilizar enunciados potencialmente disruptivos mediante su rápida funcionalización utilitaria en el cuadro conceptual disciplinar. Dado que los circuitos de intercambio conceptual disciplinarios están hoy en día determinados por la axiomática productivista, la expresión actual del extractivismo cognitivo en antropología es la subsunción de la experiencia compartida con los demás – el trabajo de campo – a los conceptos vendibles instalados por los mercados editoriales. El GEAC entiende que la inscripción de la experiencia investigativa en los circuitos de intercambio académicos exige que tanto los practicantes de la antropología como sus interlocutores dejen “palos y piedras” en el espacio exterior de la disciplina para que puedan volverse legibles en el espacio interior, pacificado, que ella instaura. No es infrecuente que los productos pacificados del extractivismo cognitivo sean utilizados por diversas instituciones de control y vigilancia social.

4) Identificación con la “mirada antropológica”: consiste en la conducta que se espera de aquellos que desean iniciarse en la producción de conocimiento antropológico disciplinar. A lo largo de su trayectoria de institucionalización académica los practicantes de la antropología son “invitados”, mediante diversos procesos de convencimiento y coerción, a abandonar (o relativizar) paulatinamente sus lealtades sociales y compromisos colectivos inmediatos en favor de una adhesión disciplinar de tipo militante y corporativo. Se trata de la antropología como “modo de vida”, “forma de estar en el mundo”, etc. De manera esquemática podemos decir que mientras la frontera disciplinaria busca establecer una escisión entre el antropólogo y “sus” otros, la mirada antropológica, a su vez, instala esa misma frontera en el espacio subjetivo del practicante de la antropología. De esta manera,  se  hace creer al practicante de la antropología en la posibilidad de distinguir entre los enunciados que produce, aquellos que corresponden a eventuales desvíos ideológicos de aquellos que están en conformidad con la mejor tradición antropológica. La mirada antropológica permite la instauración de una posición de sujeto capaz de representar a todas las demás posiciones sin representar ninguna a priori. Las semejanzas con el Estado burgués o con otras formaciones de poder de tipo representativo no son meras coincidencias.

5) antropología como cualquier lugar: es un concepto estratégico para el agenciamiento de la ética activista. Las formaciones institucionales que actualizan la antropología disciplinar son homólogas a cualquier otra formación de poder que se adjudica la capacidad representacional o representativa. “Antropología”, en singular y con mayúscula, es un significante comúnmente utilizado para hacer referencia a diversos y disímiles procesos localizados de institucionalización, diversas antropologías (acá estamos en diálogo directo con la reflexión de Eduardo Restrepo sobre antropologías en el mundo y antropologías disidentes). En consecuencia, mientras la antropología no es un lugar propiamente dicho, las antropologías son cualquier lugar. Cuando alguien dice “mi crítica la hago desde la Antropología” o “la Antropología tiene algo que decir sobre esta cuestión”, hay buenos motivos para desconfiar. En tanto lugar de habla, la Antropología no existe. Lo que sí existe son establecimientos antropológicos situados, atravesados por tensiones internas, sistemas de jerarquización, valoración, legitimación, supresión de disidencias y promoción de consensos. Es en el marco de estas tensiones y sistemas que cualquier tipo de posicionamiento se torna posible. La ética activista opera negando concretamente los mecanismos de actualización de la disciplina — dondequiera que se manifiesten, ya sea en la universidad o no —  mediante la politización de las tensiones que ellos generan. Además, procura explorar las condiciones de imposibilidad de la disciplina cuando hace proliferar las condiciones de posibilidad de antropologías de otra forma. La ética activista prima por la conspiración, desconoce fronteras, comunica lugares, reconoce tensiones y extrae de ellas la fuerza para operar una reconfiguración posible de las situaciones.

II Parte – Debate. Algunas intervenciones de los participantes

Participante 1:

En Colombia, las expresiones académicas y universitarias de las prácticas antropológicas son minoritarias respecto de sus expresiones extra-académicas, las cuales tienen lugar en ONG’s, empresas especializadas en la emisión de pericias, organismos estatales, etc. En estos espacios trabajan buena parte de los antropólogos colombianos. Allí predomina una serie de dispositivos institucionales que tienden a domesticar las inclinaciones críticas y la capacidad analítica que los estudiantes de antropología desarrollan en la Universidad. Fuera de la universidad, en el sector privado y en el tercer sector, las prácticas antropológicas están orientadas a la sujeción y la dominación en detrimento, incluso, de las eventuales perspectivas emancipatorias que los estudiantes traen de su experiencia de formación académica. Existe, por lo tanto, cierto tipo de tensión entre el devenir universitario de la antropología y su devenir extra-académico. En este contexto, algunas actitudes críticas promocionadas por la antropología universitaria terminan domesticadas por otras estratégias de poder.

Participante 1:

La mirada antropológica sirve, sin lugar a dudas, para validar determinados presupuestos disciplinarios, instalando un compromiso que aparece bajo la forma de un no compromiso. Sin embargo, el extrañamiento es fundamental en el sentido de verse de otra manera. Aquí hay una herramienta (la mirada antropológica) que puede ser enunciada desde una visión liberal o positivista, pero también puede ser instrumentalizada desde su capacidad de problematizar el racismo, por ejemplo. En este sentido aquí hay un efecto político necesario que produce el extrañamiento.

Participante 1:

La antropología podría pensarse productivamente como una “forma de vida” porque ello genera las condiciones morales para un llamado a practicar, realmente, los preceptos que profesamos desde nuestra identificación con determinadas teorías o programas de reflexión. Hasta cierto punto, el GEAC parece defender la antropología como un “modo de vida”, pues cuestiona, en diversas oportunidades, la postura de ciertos antropólogos que radicalizan su discurso y que al mismo tiempo adoptan actitudes conservadoras en los espacios institucionales donde estos antropólogos habitan y administran.

Participante 1:

En últimas ¿por qué hablar de antropología si no es necesario? ¿Cuál es el componente de la ética activista que necesita todavía hablar de las antropologías? Tal vez la respuesta a esta cuestión está en que la teoría informa la práctica para la transformación, y la misma teoría antropológica ofrece categorías útiles en este sentido. No vale la pena pensar en términos de una separación entre teoría y práctica y hacer preponderar la segunda sobre la primera. El concepto de práxis, como acción transformadora teóricamente informada, puede ser útil para dimensionar la relevancia de las teorías disponibles en lo que respecta a la construcción de intervenciones críticas en el marco del establecimiento antropológico. Al fin y al cabo, la consigna antropológica por excelencia, según la cual debemos ejercer constantemente la desnaturalización, puede tener algún valor estratégico para interrumpir ciertas garantías institucionales y disciplinarias. Así que lanzo la pregunta de cuál es el lugar del pensamiento en la práctica y la producción de sujeto.

GEAC:

En lo que respecta al extrañamiento, nos preguntamos hasta qué punto el cambio de posición o de perspectiva que él autoriza o habilita es real. Creemos que sin cambiar de lugar, en términos de posiciones políticas colectivamente construidas, sin dejarse afectar por las fuerzas sociales que tensionan nuestras posicionalidades actuales, no es posible establecer reposicionamientos subjetivos. No basta con creer que cambiamos de idea. Nosotros también pensamos que es engañoso el supuesto de que la antropología enseña uno mismo a extrañarse, puesto que justamente la noción de “uno mismo” es problemática, sobretodo porque cualquier posición de sujeto está siempre atravesada por tensiones que configuran su parte destitutiva. Los sujetos son contradictorios. ¿Por qué, entonces, necesitaríamos recurrir a la antropología para salir de la “mismidad”, si existen fuerzas sociales muchísimo más poderosas desde las cuales explorar la insuficiencia y los límites de nuestras posicionalidades?

GEAC:

¿Por qué seguimos hablando de antropología? Es una pregunta que nos venimos planteando hace ya cierto tiempo. Una respuesta provisional sería que si todavía hablamos de antropología es porque deseamos rescatar, cuidar o preservar una promesa a la cual hemos adherido a lo largo de nuestros procesos de institucionalización en los espacios académicos de formación antropológica. Trouillot decía que a pesar del “nicho del salvaje” hay cosas que pueden rescatarse en la antropología. Para nosotros, una de esas cosas es la promesa básica de que el encuentro con los demás es un lugar para la formulación de preguntas, respuestas y sentidos hacia la producción de un conocimiento sobre las dinámicas colectivas. ¿Pueden rescatarse más cosas? Seguramente, pero su identificación será siempre circunstancial, una vez que las antropologías son plurales, son cualquier lugar, o mejor aún, son un lugar posible de diálogo desde el cual encarnar la crítica. Lo más importante es no abandonar nunca la conspiración, porque ella nos permite definir las coordenadas para enfrentar los procesos de fijación en cualquier lugar donde estemos. Es en la conspiración que la teoría pasa a tener utilidad, siendo movilizada por preguntas que ya no son las de una disciplina o programa reflexivo definido a priori. Conspirar siempre, no doblegarse al disciplinarismo; tratar a las expresiones institucionales de la antropología como lo que efectivamente son: un lugar cualquiera.

Participante 2:

El extrañamiento es tomado por la disciplina como un discurso de verdad que la caracteriza y el acto de disciplinar la práctica del extrañamiento termina por convertirla en fórmula. El extrañarse a uno mismo y a los demás, así como otras prácticas de conocimiento, de establecimiento de la crítica, son un bien común, mucha gente lo usa y simplemente está disponible. La disciplina, sin embargo, pasó a reinvindicarlo como atributo suyo, como parte de su epistemología. No solamente la antropología, sino también otros saberes académicos operan de la misma manera. Por otra parte, el extrañamiento no ofrece garantía para generar alianzas con los demás y conspirar con las personas. Es sólo una posibilidad. En cuanto a la idea de frontera disciplinar, es interesante pensar cómo la lógica de la filiación también opera en su demarcación. Ciertos sujetos en el espacio disciplinario reivindican esta lógica presuponiendo que los antropólogos y los miembros de determinada institución son una misma familia, con genealogías, determinado tipo de jerarquía, etc. La lógica de la alianza, a su vez, podría dar margen a prácticas conspiratorias, introducir otra manera de interpelar a los demás: porque quien hace alianzas no exige que el otro piense como uno mismo, cosa que sí pasa en la filiación.

Participante 3:

¿En qué medida los mecanismos disciplinarios son incorporados por el mismo antropólogo que, luego, los va a reproducir más allá de la academia, cuando sea contratado por empresas, ONG’s, etc? Estos mecanismos que ustedes describieron forman parte del quehacer antropológico en otros lugares, pueden tener alguna funcionalidad para las instituciones que contratan a los antropólogos una vez que terminan su formación universitaria. La frontera entre la antropología que se practica en la academia y la que se practica fuera de ella no es tan evidente. Los espacios dominados por la lógica de mercado domestican algunas tendencias cultivadas en la universidad, pero también valoran otras.

Participante 3:

Yo trabajo en servicios de salud y cuando ustedes hablan de la mirada antropológica, pienso en los paralelos con la mirada médica. Los médicos también se esfuerzan por adoptar una mirada particular con respecto a los pacientes y esto favorece su intervención desde determinado saber, pero por otro lado también determina una serie de distanciamientos muy problemáticos cuando se trata de la relación entre personas. La mirada médica, que se desarrolla en la universidad, luego es replicada por los médicos en su relación no sólo con los pacientes sino también con los enfermeros y otros funcionarios del hospital que son tratados según una jerarquía muy particular.

Participante 4:

Me parece importante pensar en los productos de la práctica antropológica, más allá de aquellos refrendados por la academia. Según las relaciones que se establecen cuando hacemos un trabajo, que pueden darse por fuera de las convenciones académicas, es posible producir distintas miradas sobre una situación. Estas distintas miradas pueden (y deben) resultar en productos diferentes. ¿Cómo pueden pensarse otros tipos de productos rigurosos, no necesariamente disciplinarios?

Participante 5:

En Colombia las prácticas antropológicas están por fuera de la universidad y yo veo que estas discusiones que ustedes traen se dan en los espacios extra-académicos. ¿Por qué estos debates no ocurren dentro de la universidad?

Participante 6:

Las universidades tienen falencias estructurales, ya que los cursos de pregrado son ignorados constantemente por los profesores. Especialmente, los cursos de los primeros semestres. Creemos que la búsqueda de otros espacios es justamente porque los espacios universitarios no pueden dar cuenta de la formación de antropólogos. Algo está pasando que genera malestar con respecto a los programas de antropología en varias universidades del país. Así que para hablar de miradas antropológicas hay que sacarlas de la universidad.

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